Ála, a manifestarse por decreto.

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La España de la movida.

Nos tragamos todo lo que nos echen, vamos que somos la hostia, cuando vivíamos en la España de la amnistía y la libertad, aquella época en que estábamos un poco retozones, jodiendo al sistema con la puñertera libertad y la incordiante amnistía, si, aquella en que nos divertía tanto ver como los grises se enredaban en el tres cuartos corriendo detrás de nosotros, éramos tan felices, pues ála, poco nos duró, enseguida el sistema se puso a deliberar y pensando que te piensa, acordaron darnos lo que pedíamos, pues no se podía consentir el tener un proletariado feliz.

Y nos dieron amnistía y libertad hasta jartarnos, ya nadie corría detrás de nosotros, ya se acabaron los slogans revolucionarios, por si nos tomaban por tontos, nos sentíamos raros, para paliar esta incertidumbre de no saber que hacer con estas dos medidas de gracia nos inventemos el progresismo, que es eso de disfrazarte de moderno, que era eso de hablar mucho de Marx sin haberlo leído, de Trotski sin tener ni puta idea de quién era.

Pues nada, al puto sistema tampoco le pareció bien, “estos van camino de volver a ser felices” comentaron.

“Pues nada, habrá que inventarse algo que los tengan entretenidos sin que lleguen a ser felices” volvieron a comentar.

“Pues vaya movida que nos ha tocado” dijo otro, malhumorado.

Y la bombilla se encendió, saltaron todos:

“Eso, eso, les vamos a dar una movida que no se van a cagar”

Y se inventaron a un señor muy formal, (por esto de que fuera creíble) y una noche, (pues debería ser de noche, pues estas cosas solo se hacen de noche) salió al tablao y gritó por los altavoces: “empieza la Movida, por decreto, ya sois felices”

Y pasaron los años felices, trabajando como negros para pagarnos la felicidad.

Pero como el ser humano no está contento con nada, llegó un día en que a un fulano se le ocurrió que ya estaba jarto de felicidad.

“¿Y que podemos hacer? dijo el grupo, sentados en el suelo en círculo.

Como ya estaban culturizados y sabían de lo que hablaban, uno de ellos se tiró hora y media hablando de lo pesado que era la levedad del ser.

Cuando se jartaron se levantaron y cada uno se iba para su casa, cuando a uno se le ocurrió la brillante idea:

“Esperad, y ahora que estamos todos juntos, “porqué no vamos a subdelegación y nos cagamos en los muertos del gobierno”

Efectivamente, como estaban calentitos, se fueron para el gobierno y le liaron la marimorena.

Se corrió la voz, y como el pueblo ya estaba jarto de tanta felicidad, pues un día si y el otro no, pues salían en manifestación, el que no lo empleaban en asambleas.

Se encendieron las alarmas del sistema, que veía que el sistema se le escapaba de las manos.

Y empezaron a pensar para buscar una fórmula para poder seguir con el chollo, pero no daban con ella, tampoco pensaron mucho, pues estaban muy atareados llenando sobres de billetes.

Hasta que a los pocos años, un asesor, tuvo un sueño, apoyada la cabeza en la mesa del despacho.

Soñó con una sociedad formada por clanes manejados por “señores de la manifestación” jugando a “señores de la guerra”

Pues claro, (pensó mientras se quitaba la lagaña de un ojo) pues claro, esta es la nueva movida, la “Movida Manifestoza”

Ála pueblo a manifestarse por decreto.

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