2,012 un verano caliente.

Quedemos para el siguiente sábado en el Salón, aconsejando que fuéramos todos vestidos “raros” para identificarnos con los utopianos, me fui medio preocupado medio divertido, pues a estas las creía capaces de vestirse de papel Albal.

Ese sábado llegué el primero, como en todas las reuniones, pues de puntuales no tenían nada, las vi llegar y sí, vestían raras, pero creo que se pusieron sus mejores galas, estaba acostumbrado a verlas vestidas de jipis, que al verlas vestidas con normalidad me parecieron raras.

Por un momento pensé: “la madre que me parió, quién se acuesta con niños amanece meao”

Allí mismo empezaron a ensayar y enseguida me di cuenta de que no habían memorizado el texto que les había preparado, a cada momento estaba más asustado, pero a la vez más divertido.

Y comenzó la función, empecé a grabar en el semáforo que hay frente al Mercadona, donde la guía les iba explicando lo que eran los coches y que eso era lo que despedía el olor que tanto las molestaba, a eso pasó un autobús y todas pegaron un salto gritando de susto, la nota la estábamos dando.

Lleguemos a la entrada a Mercadona y la guía, (que se había preparado un megáfono con una cartulina verde) empezó a explicarles lo que era un supermercado, terminando por repartir unas mascarillas para que no fueran contaminadas con los malos efluvios de la comida almacenada, después comenzó a hacerles unos pases “mágicos” para que les sirviera de protección a las malas vibraciones.

Una vez dentro, la guía las iba llevando por las estanterías mostrándoles las distintas clases de comidas, ante el asombro de las utopianas que no dejaban de preguntarle cosas que no comprendían, como el porqué la comida estaba envuelta en plástico, el mal aspecto de frutas y verduras al estar encerradas sin contacto con el sol, todo era para ellas una novedad, dando muestras de una efusiva sorpresa que hacía que las clientas del supermercado nos mirasen asombradas.

Al poco el encargado del supermercado se dirigió a mí, pidiéndome que dejara de grabar, que el supermercado era un espacio privado que no podía grabarse, intenté convencerlo de que era una obra para un cortometraje, lo cual lo irritó más, y más aún cuando conminó a las chicas a abandonar el super y estas actuaron con la lógica sorpresa de quien viene de un planeta donde todo es de todos, sin existir la propiedad privada, (sentí no haber grabado esta escena, pues me había obligado a cerrar la cámara)

Completamente descompuesto el encargado del super llamó a seguridad, los cuales nos obligaron a salir, al llegar a la salida las utopianas se percataron de una entrada a los sótanos, y al grito de, ¡¡Mirad, una cueva!! Se dirigieron todas al sótano, sin hacer caso de las indicaciones de guardia de seguridad que tuvo que salir corriendo para persuadirlas de no seguir por ahí.

Quise grabar esa escena pero me lo impidió uno de seguridad que estaba más preocupado por la cámara que por el jaleo que estaban formando las chicas.

Al final consiguieron echarnos, respiré tranquilo, pues ya me estaba viendo detenido y en comisaría con todo el grupo.

Me sentía satisfecho de la acción, las chicas habían demostrado ser unas artistas de la improvisación.

A los pocos días, Sanchez Gordillo efectuó la celebre acción de sacar los carros de comida del Mercadona, pero os aseguro que todo fue casualidad, no hubo conexión entre los dos hechos.

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