NI CUERPO AÚN ADMITE MÁS CICATRICES.

¿Qué es la lucha de clases?

Muchas veces hablamos de luchas de clases confundiéndola con una puntual defensa de los derechos laborales de un sector, de una mejora salarial en un gremio laboral, de ahí que cuando se recrimine que se han perdido las luchas de clases muchos sindicalistas se sientan ofendidos creyendo que el trabajo que están realizando sea una lucha de clases.

Cuando un estado mantiene una justa vigilancia de los derechos del trabajador y los derechos del patrón, manteniendo un equilibrio entre las dos fuerzas, impidiendo que ninguna avasalle a la otra, no tiene sentido una lucha de clases, lo que menos quiere un trabajador es mantener una lucha con el patrón, que se puede solucionar con una simple negociación, pero cuando el estado arma a la Patronal con leyes que hace imposible ninguna negociación es el propio estado el que impone al mundo laboral la lucha de clases, como única arma para su supervivencia.

Me quiero imaginar que los sindicatos no han querido llegar a la situación en que se encuentra el Trabajo en estos tiempos, me imagino que no han sabido reaccionar a este golpe de estado a los derechos de los trabajadores, propios de una democracia y desorientados buscan aminorar el daño para que afecte al menor sector posible.

Los que hemos vivido el mundo laboral en una dictadura sabemos que la avaricia de la gran Patronal no tiene límites, que el, “un paso atrás para dar dos adelante” fue un engaño de la Transición, si das un paso atrás, nunca lo podrás recuperar, y los sindicalistas de aquellos tiempos nunca dieron un paso atrás, la muestra es las altas cotas en derechos laborales que se consiguieron, y no por ello bajó las tasas de desempleo, al contrario, a más derechos, más empleo.

Porque en esos tiempos los sindicalistas conocían su fuerza, la fuerza del valor humano en la producción, la fuerza de los sabotajes para bajar la producción en la dictadura, la fuerza de los comités de empresa al principio de la democracia, eran sindicalistas curtidos en miles de represiones, conocedores del valor de un derecho.

Aún vivimos muchos que conocemos esa dura trayectoria, conocemos todas las estrategias que tuvimos que grabar en las cicatrices de nuestro cuerpo, pero muy pocos estamos dispuestos a decir: MI CUERPO AÚN ADMITE MÁS CICATRICES.

¿Hablamos ahora de sabotajes, de cajas de resistencia, de lucha de clases?

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