QUE SOLICOS NOS VAMOS A QUEDAR LOS PENSIONISTAS DESPUÉS DE LAS ELECCIONES.

Permitirme que me adelante a los acontecimientos, “un lunes al sol” después de las próximas elecciones, imagino que será el lunes siguiente al 20N (por eso de celebrar subliminalmente viejas celebraciones)
A las plazas de los ayuntamientos irán llegando jubilados renqueantes en pequeños grupos ocupando los bancos de la plaza.
Pasan los minutos, pero nadie se impacienta, las personas mayores tienen muchos temas de conversación y cuando se juntan varios compañeros no se aburren para nada.
45 minutos han pasado de la hora prevista para el comienzo y algunos jubilados se mueven inquietos en sus asientos.
¿”Cuando empieza esto? Que me estoy meando”- Dice uno.
“No sé, aún no ha llegado la pancarta y los altavoces” –dice el otro.
“Juan, ¿Cuándo empezamos”-grita otro a otro del banco de enfrente.
“No sé, habrá que esperar a los que hablan- grita el aludido.
Siguen con su entretenida charla, algunos se levantan para mear en los servicios del ayuntamiento.
A la vuelta se paran en el centro de la plaza donde se les van uniendo los que aún siguen sentados en los bancos.
1 hora y 10 minutos de la hora señalada para el arranque, ya las conversaciones giran sobre la tardanza de los jefes.
Uno con cara de buena persona dice: “esto es que todavía están contando los votos”
“Bueno, pues vamos a tener que empezar nosotros, ¿quién habla”
Silencio sepulcral, duró poco, pues una saltó enseguida, “yo, yo”
Pasó al frente, se ajustó las gafas y se pasó la mano por el pelo por si estaba revuelto y dijo con voz potente:
“Compañeros, mi paga de viuda es una mierda”
Solo dijo eso y se incorporó al grupo, salió una viejecilla al frente del grupo diciendo:
“Amigos, llevo este mes sin tomarme las medicinas porque me gasté toda la paga en comer”
Se incorporó al grupo, y fueron saliendo uno a uno para contar el problema que les aquejaba.
La plaza se fue llenando de transeúntes que pasaban por allí, fue la concentración más numerosa de todas, pero no había ningún político que se repartiera la oratoria y hablaron todos, pero solo los pensionistas.
Al final las conversaciones giraban sobre una sola cuestión:
“¿Donde está la pancarta, los altavoces y el amplificador que paguemos entre todos?”
Y una exclamación de asombro: “NOS HAN VUELTO A ROBAR”

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